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El mundo es de los que deciden.
Fecha Publicación: 2018-08-22
Competencia: Liderazgo
Autor: Ignacio Arizmendi Posada

Se diría que el mundo es de quienes deciden, no de quienes dudan. De quienes se arriesgan, no de quienes calculan setenta veces siete. No importa la sentencia de Talleyrand: “Sí y no, las palabras más cortas, pero sobre las cuales es necesario recapacitar antes de pronunciarlas”.

Por eso vale la pena recordar diez guías para que la decisión que usted va a tomar, sea en  o en no, la tome con más preparación que improvisación:

Visión: Tenga claro en qué consiste la decisión que debe acordar: si compra o no esa casa, si se cambia o no de trabajo, si se casa o permanece soltero, si vincula o no más personal a su empresa, si…

Información: Reúna todos los datos que necesite para el sí o el no. Trate de no dejar cabos sueltos. Sin embargo, en muchas ocasiones la incertidumbre es inevitable y hasta útil para tomar decisiones. Esté preparado para manejarla.

Justificación: ¿Sí se justifica la decisión en sí o en no? ¿Valdrá la pena esto o aquello? ¿Qué arregla, optimiza, resuelve, asegura, satisface, evita, etc.? Piense en la relación costo-beneficio, “y hágale”, como dicen los camioneros.

Afectados: También es importante saber a quién o quiénes convendrá o perjudicará la decisión que deba tomar. A usted mismo, los suyos, sus compañeros de trabajo, la empresa, su ciudad, etc. Ninguna decisión deja de producir efectos. Incluso si no la toma. Y esto ya es una decisión.

Oportunidad: Si usted u otras personas esperan su resolución, decida. Si el asunto es urgente, decida ya o muy pronto. Si da espera, decida con oportunidad. Porque usted puede tomar la decisión correcta, pero si lo hace “cuando ya no se usa”, el que sea la correcta para nada sirve. Bien lo decía Gracián: “Conocer el momento adecuado de las cosas es saberlas gozar”. Tenga fama de ejecutivo, decidido, líder. No de lerdo, marmota o tortuga. ¿Qué prefiere?

Comunicación: ¿La decisión es confidencial o reservada? ¿Debe comunicarla? ¿Sí? Entonces hágalo y cuando debe. Otros esperan conocerla para continuar sus respectivos procesos, para hacer lo que deben hacer. No la dé por conocida ni supuesta. Y si no debe comunicarla, téngalo claro también para que tampoco se equivoque al contar lo que no debía contar.

Receptores: El punto 4 (Afectados) le da elementos de juicio para saber a quién o quiénes debe informar de la decisión, pero no le da toda la respuesta. Usted, por ejemplo, pudo haber decidido cambiar de empleo -lo que puede afectar a los suyos o a la empresa-, y no comunicarlo a todos los afectados sino a unos pocos, e incluso no hacerlo con ellos y sí con personas ajenas a su familiar o a la compañía.

Canales: Una vez tenga claro a quiénes dará a conocer la decisión, sepa también cómo la comunicará. Si en una reunión, o por teléfono, por escrito, correo electrónico, a través de otra persona, por medios de comunicación, etc.

Volumen: ¿Cuál va a ser la cantidad de información que empleará? ¿Va a ser parco o detallado? ¿Qué es lo más conveniente en relación con el tema, los receptores, las limitaciones del canal que empleará, etc.? Recuerde el refrán: Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Mensaje: Asegure una calidad mínima en el mensaje que comunicará. Que sea claro, es decir, fácil de comprender por el destinatario; concreto, o sea, preciso; conciso, sin rellenos, y confiable, que genere certeza de cara al efecto que usted busca con la decisión tomada.

Sugerencia final: tome una de sus últimas decisiones y analícela a la luz de estos diez puntos. Es posible que tenga sorpresas. Agradables o críticas.